¡Qué grande eres!

¡Qué grande eres, Señor!
Tu inmensidad me relata
la sencillez de una flor,
y el ruido ensordecedor
de una enorme catarata.

Los cielos también pregonan
la gloria de Tu hermosura.
Las estrellas juguetonas
te ponen una corona
brillando en la noche oscura.

Te da un concierto sencillo
la hermosa Naturaleza.
Desde el simpático grillo
hasta el tierno pajarito,
todo canta tu belleza.

Los océanos y los mares…
Las montañas y los ríos…
Las selvas y los glaciares…
Todos, con voces dispares
proclaman tu Poderío.

Todo… La noche y el día…
Lo más insignificante
pregona con gallardía
Tu inmensa sabiduría…
Eres lo más importante.

No solo eres Creador
de cuanto existe… También
eres el Sustentador
y Sabio Legislador,
porque todo lo haces bien.

¡Eres lo más encumbrado!
Tu imperio rige la historia
con poder y amor sagrado.
Por eso, cuanto has creado
proclama Tu inmensa gloria.

Y también, con estos versos
mi alma canta entusiasmada
a Ti, ¡oh, Dios! Que eres inmenso.
Al Señor del Universo
que hizo todo de la nada.

Mereces con dignidad
por Tu amor y Tus poderes,
que toda la humanidad
cante con solemnidad:
¡Oh, Señor! ¡Qué grande eres!