Gracias
¡¡Señor!!
Hoy vengo a Ti, reverente,
con emoción y alegría,
a decirte, en poesía,
lo que mi corazón siente.
Humilde, vengo a ofrecerte
mi corazón redimido.
Gracias, que me has concedido
el gozo de conocerte.
No sé ni cómo empezar
a expresar mi gratitud,
porque muriendo en la cruz,
me enseñas lo que es amor.
Para Ti fue una desgracia...
Para mi, un gran beneficio.
Gracias por tu sacrificio.
¡Gracias Señor! ¡Muchas gracias!
Soy el gran beneficiario
de aquel terrible tormento.
¡Qué admirable testamento
redactaste en el Calvario!
¡Gracias, mi buen Salvador!
¡Mi Señor! ¡Mi Rey! ¡Mi amigo!
Tu terrible y cruel castigo
me muestra tu excelso Amor.
Mi alma cae rendida
ante tu Amor sacrosanto.
¡Gracias por amarme tanto!
¡Gracias por darme Tu Vida!
¡Tu Amor es inexplicable!
¡Tu Gracia, Maravillosa!
¡Gracias, por todas las cosas
que te hacen INCOMPARABLE!
Por ese Amor que nos sacia
como celestial convite,
nuestras almas hoy repiten:
¡GRACIAS SEÑOR, MUCHAS GRACIAS!